El grooming no suele empezar con una amenaza evidente. Muchas veces empieza como una conversación amable, una cuenta que parece cercana, una broma, una petición aparentemente inocente o una relación que el menor no identifica al principio como peligrosa.
El Ministerio del Interior publicó en junio de 2026 la presentación de una investigación impulsada por Guardia Civil y fundaciónSOL sobre percepciones de la infancia y adolescencia ante el grooming. El valor del informe no está solo en los datos: está en que muestra cómo muchos menores interpretan estas interacciones como confianza, curiosidad, juego o validación emocional antes de ver el riesgo.
Este artículo no busca asustar ni culpabilizar. Busca que padres, madres y tutores sepan reconocer señales tempranas y, sobre todo, que el menor se atreva a pedir ayuda antes de que la situación avance.
¿Qué es el grooming?
La Policía Nacional define el grooming como el uso de medios tecnológicos por parte de un adulto para contactar con menores y lograr encuentros o conseguir material de contenido sexual de esos menores. La definición también destaca que suele haber acciones deliberadas para establecer lazos de amistad en Internet con una finalidad de explotación.
Traducido a lenguaje familiar: el riesgo no está solo en “desconocidos raros”. Está en perfiles que se acercan poco a poco, que escuchan, validan, prometen confianza, piden secretos y van desplazando al menor hacia una relación de dependencia, vergüenza o miedo.
¿Qué datos recientes conviene mirar?
Según el aviso de Interior sobre el informe de Guardia Civil y fundaciónSOL, participaron más de 1.500 menores de entre 10 y 17 años. El texto indica que el 39% del alumnado de secundaria y el 14% de primaria afirma haber mantenido contacto por Internet con personas a las que no conocía previamente en el ámbito presencial.
Entre quienes tuvieron ese contacto, Interior recoge que un 21% en secundaria y un 37% en primaria vivieron alguna situación en la que una persona adulta les hizo sentir incómodos. También señala que el 12% del alumnado de secundaria y el 4% de primaria declaró haber recibido alguna vez mensajes de contenido sexual no solicitados por Internet por parte de alguien desconocido.
La propia nota metodológica advierte que los resultados describen patrones observados en la muestra y no deben interpretarse como estimaciones generalizables a toda la población. Ese matiz es importante: el dato sirve como señal de riesgo, no como cifra universal.

¿Por qué muchos menores no lo cuentan?
El informe destaca una barrera decisiva: el silencio. En primaria, los menores recurren más a la familia; en secundaria, tienden a actuar por su cuenta, bloquear o ignorar, y apoyarse más en iguales que en adultos.
Interior recoge que la vergüenza, el miedo al juicio social y el temor a la reacción adulta dificultan pedir ayuda. El miedo no siempre es solo hacia la persona que manipula: puede ser miedo a perder el móvil, a que le castiguen, a que le revisen toda su intimidad o a que nadie entienda cómo empezó.
Por eso la frase adulta “si te pasa algo, te quito el móvil” puede ser contraproducente. La intención puede ser proteger, pero el mensaje que recibe el menor es otro: “si lo cuento, pierdo mi vida digital”.
Señales que deben activar una conversación
¿Qué hacer si sospechas que está ocurriendo?
- No empieces con reproches. Si el menor se siente culpable, puede cerrar la conversación.
- Conserva pruebas. Capturas, perfiles, enlaces, fechas, nombres de usuario y mensajes relevantes.
- No negocies con la persona que contacta. Evita entrar en conversaciones impulsivas desde tu cuenta.
- Bloquea y reporta cuando las pruebas estén guardadas. Hazlo de forma ordenada.
- Busca ayuda formal si hay amenazas, imágenes, coacción o insistencia. Puede ser necesario denunciar.

¿Cómo prevenir sin invadirlo todo?
La prevención no consiste en leer cada mensaje del menor. Consiste en crear condiciones para que pida ayuda cuando algo le incomoda. Eso exige conversaciones previas, reglas claras y una promesa adulta creíble: si cuentas algo serio, la prioridad será protegerte, no castigarte.
También ayuda pactar límites verificables: perfiles privados, no aceptar desconocidos sin contexto, no enviar imágenes íntimas o comprometidas, no trasladar conversaciones a canales más privados cuando alguien insiste y pedir ayuda si una persona pide secreto.
El artículo Si eres menor y algo te pasa en redes sociales: qué hacer y a quién pedir ayuda puede servir como recurso complementario para explicar al menor que pedir ayuda no es delatarse: es protegerse.
Conclusión
El grooming se previene antes de que parezca un caso extremo. La clave está en detectar relaciones que piden secreto, aíslan al menor, normalizan peticiones incómodas o le hacen sentir culpable por pedir ayuda.
La mejor protección no es solo técnica. Es relacional: que el menor sepa que puede contar algo difícil sin que la primera respuesta sea castigo, vergüenza o pérdida automática de autonomía.
Fuentes
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Ministerio del Interior
Informe sobre grooming presentado por Guardia Civil y fundaciónSOLInforme sobre delitos contra la libertad sexual en España 2024
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Policía Nacional
Definición y orientación sobre grooming en su portal de denuncias
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