Cuando un menor vive una situación incómoda en Internet, el primer problema no siempre es identificar qué ha ocurrido. A veces el obstáculo es atreverse a contarlo. Puede temer que le castiguen, que le quiten el móvil, que le revisen cada conversación o que le reprochen haber confiado en alguien.
La investigación Percepciones de la infancia y la adolescencia sobre los riesgos del grooming, impulsada por la Guardia Civil y fundaciónSOL, permite mirar el problema desde la voz de los propios menores. Este artículo se centra en una cuestión concreta: cómo conseguir que pedir ayuda sea más fácil que guardar silencio.
Para consultar las señales tempranas y las primeras medidas de actuación, puede leerse también el artículo de Padres Digitales sobre grooming online.
¿Por qué puede tardar un menor en pedir ayuda?
El informe oficial señala que en Primaria se recurre con más frecuencia a la familia. En Secundaria aumenta la tendencia a actuar de forma autónoma, bloquear o ignorar a la persona y buscar apoyo entre compañeros. No significa que todos los adolescentes reaccionen igual; describe una tendencia observada en la investigación.
La vergüenza y el miedo al juicio social pueden pesar tanto como la propia situación. También aparece el temor a las consecuencias adultas: perder el móvil, sufrir restricciones o ver invadida la intimidad. Si el menor piensa que contar algo provocará automáticamente un castigo, puede intentar resolverlo solo incluso cuando no sabe cómo hacerlo.
¿Cómo puede empezar la manipulación?
El acercamiento puede presentarse como amistad, atención, interés romántico o validación emocional. Una persona puede escuchar durante días, mostrarse comprensiva, compartir supuestas confidencias y pedir que la relación se mantenga en secreto. La apariencia inicial no permite saber por sí sola quién está detrás del perfil, pero algunas peticiones de secreto o de aislamiento justifican una conversación.
El estudio recoge que, entre los participantes que habían contactado online con personas que no conocían presencialmente, algunos declararon haber vivido situaciones incómodas. También recoge respuestas sobre mensajes sexuales no solicitados, peticiones de fotografías o vídeos corporales y conversaciones sobre prácticas sexuales. Esos datos pertenecen a la muestra estudiada: no son una tasa nacional de grooming ni permiten afirmar que cada situación descrita constituya un delito.

¿Qué frases abren la puerta a la conversación?
Los ejemplos siguientes son hipotéticos. No son testimonios reales ni deben utilizarse como un interrogatorio. Su objetivo es mostrar una forma de acercarse sin convertir la conversación en un juicio.
- «No te voy a castigar por contarme algo que te preocupa. Primero vamos a entenderlo y protegerte».
- «¿Hay alguien que te escriba o te pida cosas que te hagan sentir incómodo?».
- «Si has enviado algo o has respondido, puedes contármelo. Ahora importa qué hacemos a partir de aquí».
- «No necesito leerlo todo para escucharte. Dime qué parte te preocupa y vemos juntos el siguiente paso».
No es necesario iniciar la conversación con la palabra grooming. Puede ser más útil preguntar por cómo se siente el menor, si alguien le pide guardar secretos o si una relación online le genera presión.
¿Qué respuestas adultas pueden cerrar la conversación?
- «Te dije que no hablaras con desconocidos».
- «¿Cómo has podido caer en algo así?».
- «Te quedas sin móvil y dame ahora todas tus contraseñas».
- «Esto no puede ser tan grave; bloquéalo y olvídalo».
Estas frases no convierten automáticamente a una familia en un entorno inseguro. Una reacción inicial de sorpresa o enfado puede aparecer. Lo importante es corregir el rumbo: bajar el tono, escuchar, evitar culpabilizar y valorar el riesgo real antes de tomar decisiones sobre el dispositivo.
¿Cómo proteger sin borrar la confianza?
La intimidad y la protección no son objetivos incompatibles. La respuesta debe adaptarse a la edad, la madurez, la gravedad y la urgencia. No es lo mismo una conversación incómoda sin amenazas que una petición sexual insistente, un chantaje o una cita presencial.
En una situación de riesgo, el adulto puede explicar qué necesita revisar y por qué. Si hay una amenaza o una petición de material sexual, la prioridad es proteger al menor y evitar que la persona manipuladora siga controlando la situación. La transparencia sobre las decisiones ayuda a no convertir la ayuda en una sorpresa punitiva.
¿Qué hacer si el menor cuenta algo preocupante?
- Escuchar y mantener la calma. Dejar que explique lo ocurrido sin interrumpirle ni exigir todos los detalles de golpe.
- Agradecer que lo haya contado. Repetir que pedir ayuda ha sido una decisión adecuada.
- Preguntar por el riesgo actual. Si hay amenazas, chantaje, encuentro previsto, difusión de imágenes o contacto persistente.
- Conservar las evidencias necesarias. Guardar capturas, perfiles, enlaces, fechas y nombres de usuario. No descargar, reenviar ni almacenar innecesariamente material sexual de menores.
- Solicitar ayuda. El 017 de INCIBE puede orientar a familias y profesionales; ante indicios de delito se puede acudir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Si se han difundido contenidos sexuales o violentos y existe un riesgo grave para los derechos de la persona afectada, puede valorarse el Canal Prioritario de la AEPD.

¿Cuándo hay que actuar con urgencia?
No conviene esperar si hay amenazas, chantaje, petición o difusión de imágenes sexuales, intento de encuentro presencial, violencia, riesgo de autolesión o peligro inmediato. En esas circunstancias, la familia no tiene que resolverlo sola ni negociar con la persona que contacta con el menor.
El 017 de INCIBE ofrece ayuda en ciberseguridad a ciudadanía, familias y profesionales. Si existe una emergencia o un riesgo inmediato, hay que acudir a los servicios de emergencia. Para contenidos sexuales o violentos difundidos ilícitamente, el Canal Prioritario de la AEPD está reservado a situaciones que cumplen sus requisitos.
Si este artículo te ha ayudado a preparar una conversación difícil, compártelo con otras familias, docentes o personas cuidadoras. Una respuesta adulta a tiempo puede facilitar que un menor pida ayuda antes de que la situación avance.
Conclusión
Que un menor tarde en contar algo no significa que no necesite ayuda. La vergüenza, el miedo a perder el móvil o la preocupación por la reacción familiar pueden retrasar la petición de apoyo. La respuesta más protectora combina calma, escucha, límites claros y ayuda especializada cuando hace falta.
Ministerio del Interior
INCIBE
Grooming: información y recursos para menores
Infografía para familias ante posibles abusos online
Tu Ayuda en Ciberseguridad: línea 017



