El ciberacoso escolar ya no consiste solo en insultos, rumores o mensajes crueles. El VIII Informe de Acoso Escolar en Centros Educativos de Fundación ANAR y Fundación Mutua Madrileña sitúa la inteligencia artificial dentro de una parte relevante de los episodios de ciberbullying: vídeos falsos, voces manipuladas, suplantaciones e imágenes alteradas que pueden circular en segundos.

El dato exige precisión. No significa que todos los casos de acoso escolar usen IA ni que cualquier herramienta de inteligencia artificial sea peligrosa por sí misma. Significa que una tecnología capaz de fabricar apariencia de realidad se está incorporando a un problema que ya existía: humillar, aislar, amenazar o dañar la reputación de un menor.

Para padres, madres, tutores y centros educativos, el enfoque útil no es el pánico. Es saber reconocer señales tempranas, cortar la difusión, conservar pruebas y evitar respuestas adultas que hagan que la víctima calle por miedo a perder el móvil o ser castigada.

¿Qué dicen los datos de 2026?

El informe analiza el curso 2025-2026 y recoge 18.245 cuestionarios válidos de alumnado, además de 412 respuestas de profesorado. Según el propio documento, el 14,1% del alumnado encuestado afirma que él o algún compañero está sufriendo acoso escolar o ciberbullying, frente al 12,3% del curso anterior.

En el apartado digital, el informe sitúa WhatsApp como el medio más señalado en casos de ciberbullying, con un 78,4%, seguido de TikTok, Instagram y videojuegos o juegos online. También identifica formas frecuentes como difundir rumores o información falsa, grabar y publicar agresiones físicas, enviar mensajes amenazantes y publicar información privada para avergonzar o dañar.

La novedad diferencial es la IA: el informe indica que se ha utilizado inteligencia artificial en el 23,5% de las situaciones de ciberbullying, frente al 14,2% del curso anterior. Entre esos usos aparecen la creación de vídeos falsos a partir de fotos de compañeros, la manipulación de voz y la suplantación de identidad.

¿Por qué la IA cambia el problema?

Antes, una agresión digital solía depender de una captura, una foto real, un comentario o un vídeo grabado. Ahora puede fabricarse una pieza falsa con apariencia convincente. Eso multiplica tres riesgos: que la víctima tenga que defenderse de algo que no ocurrió, que otros alumnos lo compartan sin comprobar y que el daño se mantenga incluso después de borrar la publicación original.

La víctima puede sentirse atrapada porque no solo se enfrenta a una burla: se enfrenta a una “prueba” falsa que parece real. Por eso conviene enseñar a los menores una idea muy simple: que algo parezca una captura, un audio o un vídeo no significa que sea auténtico.

Mano adulta cubriendo un móvil con imágenes falsas generadas por IA.
Imagen: Padres Digitales

Tabla práctica para padres y tutores

Señal Qué puede indicar Qué hacer
Rumores acompañados de imágenes o vídeos Contenido manipulado, montaje o difusión coordinada. No reenviar, guardar pruebas y pedir revisión adulta antes de responder.
Audio o vídeo que parece “demasiado perfecto” Manipulación de voz, montaje o suplantación. Comprobar origen, contexto y primera persona que lo difundió.
Cuenta que suplanta a un alumno Uso de identidad ajena para humillar o provocar. Capturar perfil, URLs, fechas y avisar al centro y a la familia.
La víctima pide borrar todo deprisa Miedo, vergüenza o presión para no contarlo. Guardar evidencias primero y acompañar sin reproches.

¿Qué no debe hacer la familia?

No conviene empezar quitando el móvil como castigo automático. Esa reacción puede cerrar la puerta a futuras peticiones de ayuda. Si el menor cree que contarlo equivale a perder su privacidad, sus amistades o su teléfono, es más probable que intente resolverlo solo.

Tampoco conviene responder al agresor desde la rabia ni escribir en grupos de padres señalando nombres sin pruebas. Lo urgente es conservar evidencias, proteger al menor, informar al centro educativo y, si hay amenazas, contenido íntimo, suplantación o posible delito, acudir a canales de ayuda y denuncia.

¿Qué hacer en las primeras 24 horas?

  1. Escuchar sin interrogar. Primero seguridad emocional; después detalles.
  2. No reenviar el contenido. Ni para “avisar”. Reenviar puede aumentar el daño.
  3. Guardar pruebas. Capturas, enlaces, perfiles, fechas, nombres visibles y contexto.
  4. Bloquear y reportar. Sin borrar pruebas relevantes antes de conservarlas.
  5. Contactar con el centro. Pedir activación del protocolo si procede.
  6. Valorar denuncia. Especialmente si hay amenazas, contenido íntimo, suplantación o difusión persistente.
Adulto guardando pruebas de un posible ciberacoso con IA desde otro teléfono.
Imagen: Padres Digitales

¿Cómo hablarlo con un menor?

Una frase útil es: “No voy a castigarte por pedir ayuda. Primero lo paramos; después vemos qué ha pasado”. Ese mensaje reduce el miedo a contar la situación y evita que el menor intente solucionarlo con silencios, borrados apresurados o respuestas impulsivas.

También hay que trabajar con los observadores. El informe recoge que el alumnado identifica como medidas importantes guardar pruebas, no reenviar vídeos o fotos de la víctima y bloquear cuentas. Ese punto es clave: quien comparte un montaje, aunque no lo haya creado, participa en el daño.

Conclusión

La IA no inventa el acoso escolar, pero puede hacerlo más rápido, más creíble y más difícil de desmentir. La prevención no pasa por asustar a los menores, sino por enseñarles tres reglas: no crear daño, no reenviar daño y pedir ayuda antes de quedarse solos con el problema.

Para una familia o un tutor, la respuesta correcta combina calma y firmeza: escuchar, guardar pruebas, cortar la difusión, avisar al centro y acudir a ayuda especializada cuando el contenido o las amenazas lo exijan.